Uno anhela siempre conseguir los objetivos que se propone en su vida, pero durante ese camino vital aparecen obstáculos posibles de superar. Digo posibles porque para alguien que busca y busca, luego obtiene.
Rara es la relación que existe entre los sueños, como ideas que rondan en nuestra cabeza mientras dormimos, y las metas, como antes mencioné, que deseamos alcanzar. Es por eso que haré referencia a sueños por un lado y anhelos por otro.
Se dice que lo que soñamos no llega a cumplirse, más bien, se da todo lo contrario. También se dice que cuando perdemos la vida en un sueño significa que se nos alarga. En fin, estoy entrando en un terreno que debería ocuparse algún experto en Mitos Urbanos.
Eso que me propuse como meta, logro u objetivo es algo completamente distinto. Es algo que lleva su tiempo y se transita en el día a día, son momentos reales. Le temo a los sueños porque son simbolizaciones que no veo, son ilusiones. Los anhelos se ubican en la vereda de enfrente, ya que ocurren en primera persona.
Para concluir, vale mentalizarse y anhelar sin miedos, sin trabas. Es todo gratis en ése mundo, pero a la vez todo tiene su precio y su sacrificio. Es una contradicción, claro que sí. El tema es que no tiene valor material, sino un costo que se mide más por la fuerza de voluntad de cada uno.
jueves, 11 de agosto de 2011
martes, 2 de agosto de 2011
Música que endulza mis oídos
Suele pasarme, olvido lo que importa más, dice un Pelado por ahí. Pero sinceramente si hay algo que nunca me olvido es de escuchar música en algún momento del día. Manejando, en el trabajo, en el colectivo, antes de dormir, relajando en casa. Siempre viene bien poner un rato de Play y que ruede el CD...
Personalmente me hace muy bien acompañarme con una banda según el momento anímico que estoy atravsando. Es decir, si estoy bajón prefiero escuchar Las Pelotas y si estoy con mucha energía me vuelco hacia Pampa Yakuza. No me gusta romper el estado, prefiero que la música lo siga paralelamente.
Nunca voy a olvidarme aquél primer recital de rock que fuí a ver de la mano de mi hermano, Matías. Promediaba el año 1999, yo con tan solo 14 años estaba a punto de vivir todo un acontecimiento. Ver a Los Piojos en el mítico e histórico Estadio Obras Sanitarias, justo cuando cumplían 10 años como grupo. Ni sabía cómo tenía que ir vestido. Me estaba enpilchando mucho, y en eso mi hermano me dice "ponete más croto que vamos a un recital de rock, no a un cumpleaños de 15". Cerraba todo perfecto porque aquella noche fría, por cierto, apareció de sorpresa el más grande de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. Además de eso sucedió algo raro. Antes de que la banda salga a escena me quedé helado viendo como un muchacho encendía un cigarrillo distinto a los que estaba acostumbrado a ver y que cuando pitaba dejaba un aroma algo dulzón...
Cómo olvidar mi época de músico! Tocando 7 años con Esquinados disfruté mucho la música. Ensayando (aunque después no me gustaba tanto), preparando las fechas, saliendo a volantear y a pegar afiches, vendiendo entradas, dando notas y tantos otros momentos extra musicales que hacían que todo sea mágico. Lindas previas con amigos antes de salir a rockear y sentirse una Estrella de Rock por tan solo unas horas. Hasta una gira por la Costa Atlántica tocando 15 días seguidos. Trabajando, claro.
Lamentablemente la música me hizo pasar el momento más trágico de mi vida y que no voy a olvidarme JAMÁS. Como tampoco me gustaría que se olvide la sociedad.
Es paradójico. Las notas musicales estuvieron y están en mi vida cotidiana, en momentos malos y buenos, pero siempre acompañando y marcando etapas. Como dice Nietzsche "Sin la música la vida sería un error" , tan simple como eso.
Personalmente me hace muy bien acompañarme con una banda según el momento anímico que estoy atravsando. Es decir, si estoy bajón prefiero escuchar Las Pelotas y si estoy con mucha energía me vuelco hacia Pampa Yakuza. No me gusta romper el estado, prefiero que la música lo siga paralelamente.
Nunca voy a olvidarme aquél primer recital de rock que fuí a ver de la mano de mi hermano, Matías. Promediaba el año 1999, yo con tan solo 14 años estaba a punto de vivir todo un acontecimiento. Ver a Los Piojos en el mítico e histórico Estadio Obras Sanitarias, justo cuando cumplían 10 años como grupo. Ni sabía cómo tenía que ir vestido. Me estaba enpilchando mucho, y en eso mi hermano me dice "ponete más croto que vamos a un recital de rock, no a un cumpleaños de 15". Cerraba todo perfecto porque aquella noche fría, por cierto, apareció de sorpresa el más grande de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. Además de eso sucedió algo raro. Antes de que la banda salga a escena me quedé helado viendo como un muchacho encendía un cigarrillo distinto a los que estaba acostumbrado a ver y que cuando pitaba dejaba un aroma algo dulzón...
Cómo olvidar mi época de músico! Tocando 7 años con Esquinados disfruté mucho la música. Ensayando (aunque después no me gustaba tanto), preparando las fechas, saliendo a volantear y a pegar afiches, vendiendo entradas, dando notas y tantos otros momentos extra musicales que hacían que todo sea mágico. Lindas previas con amigos antes de salir a rockear y sentirse una Estrella de Rock por tan solo unas horas. Hasta una gira por la Costa Atlántica tocando 15 días seguidos. Trabajando, claro.
Lamentablemente la música me hizo pasar el momento más trágico de mi vida y que no voy a olvidarme JAMÁS. Como tampoco me gustaría que se olvide la sociedad.
Es paradójico. Las notas musicales estuvieron y están en mi vida cotidiana, en momentos malos y buenos, pero siempre acompañando y marcando etapas. Como dice Nietzsche "Sin la música la vida sería un error" , tan simple como eso.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)